Ambición

 El tecnosacerdote entró en la enorme sala, su túnica roja brillante destacaba entre los escombros del lugar y su sistema óptico escaneaba la habitación. Los informes habían sido muy confusos y quería saber qué había sido capaz de destruir un comando de los mejores Sicarianos entrenados por él mismo y mejorados con la arcanotecnología con la que los había equipado. El comando que había desaparecido era parte del comando Ad0-B, el escuadrón de la muerte que servía secretamente a sus designios y a los de la secta Omnisíaca a la que servía. El Culto del Acero óseo tenía muchos secretos y muchos recursos para tratarse de una mera hermandad de Skitarii como otras tantas había en el Mundo Forja de Osca IV. El Tecnosacerdote EC6-814 era un miembro de alto nivel en dicha hermandad, sus conocimientos sobre bioingeniería xenos le había hecho escalar muchos puestos por encima de otros hermanos Tecnosacerdotes. Él estaba satisfecho, poseía una desbordada ambición y era muy consciente del poder que suelen ostentar los dirigentes de estas sectas en las que los devotos del Dios Máquina se reúnen para la celebración del culto al Emperador y al sacerdocio de Marte.

A EC6-814 le habían llegado unos informes muy extraños hace unos días, habían sido detectadas unas lecturas de actividad hostil desde zonas remotas del planeta, el cual a pesar de ser un Mundo Forja todavía tenía grandes extensiones salvajes en las que la industria todavía no había llegado. Para investigarlas envió a estos Sicarianos y la sorpresa llegó en el momento en el que sus signos vitales fueron apagándose en sus monitores en cuestión de segundos.

Un Skitarius de la guardia de EC6-814 señalaba, de forma totalmente inútil para el sacerdote los restos mortales de un Infiltrador. El Tecnosacerdote lo ignoró completamente puesto que ya había escaneado la sala y había detectado todos los elementos de la habitación. El sacerdote mitad máquina se quedó quieto un segundo y desplegó una maraña de tentáculos mecánicos prensiles buscando los cadáveres de sus soldados. Encontró en cada uno de ellos el puerto en el que insertarse. Los ojos de los cadáveres se iluminaron con un fulgor frío y muerto a la vez que sus cráneos castañeaban con un sonido ominoso. 

El Tecnosacerdote encontró que la memoria de todos estaba más allá de reparación, los daños habían sido brutales pero enormemente eficientes, sin embargo, uno de los visores estaba relativamente intacto. La imagen era oscura y borrosa, había luchado contra un enemigo envuelto en un pesado manto oscuro que, no sólo ocultaba, sino que poseía algún tipo de tecnología que deformaba su figura, resultaba imposible de identificar. El Sicariano era un borrón de golpes, contragolpes, piruetas y estocadas pero por mucho que el Sicariano acatara con todo lo que tenía la figura esquivaba sin apenas esfuerzo. 

Finalmente, viendo que era incapaz de hacer nada a su rival el Sicariano optó por un ataque desesperado desplegándose en un golpe que el Tecnosacerdote entendió como una absoluta temeridad, prácticamente imposible de parar para ningún ser vivo pero ignorando toda defensa. La figura encapuchada perdió pie ante el brusco cambio de sentido del guerrero biónico y durante un segundo de vídeo el Tecnosacerdote vio una mancha roja en la espada del Sicariano y el destello de un águila dorada asomar entre las sombras del pesado manto. El golpe propinado un segundo después por el guerrero de la capa fue tan brutal y despiadado que pulverizó al guerrero Sicariano en mil pedazos

Los últimos segundos de vida del guerrero mecánico mostraban como tres figuras encapuchadas se reunían en el centro de la sala una vez que destruido el comando Sicariano. Unas runas de fin de grabación aparecieron en el visor de EC6-814.

El Tecnosacerdote activó la válvula que hacía que se regulara adecuadamente su presión arterial. Todavía era joven y gran parte de su cuerpo era gran parte orgánica así que se tuvo que reprochar que se hubiera emocionado tanto por este descubrimiento, sin embargo todos los tentáculos mecánicos que había desplegado se ocuparon en una única tarea, los atacantes habían sido concienzudos y habían simulado un derrumbamiento en la sala para eliminar huellas del combate al menos para ojos no expertos. Bajo un fragmento de techo encontró lo que buscaba. Examinó la espada de energía quebrada por el golpe milímetro a milímetro y encontró lo que buscaba. Esta vez se le olvidó activar la válvula de regulación de la presión arterial mientras daba gracias al aspecto del Omnissiah al que adoraba el Culto. Este iba a ser su pase de entrada al Círculo Interior del Culto y la clave de su ascenso meteórico al poder.

Había restos de sangre de un Custodio del Emperador en la espada.


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