Dramatis personae: Pegomastax

El marine estaba desnudo, arrodillado en el centro del círculo recitando el ritual, su piel amarilla brillaba de sudor por el esfuerzo. Los pedazos de armadura descansaban en orden apoyados en una roca, los ojos del yelmo picudo miraban hacía el vacío cielo del planeta mientras el pequeño sol giraba a su alrededor a gran velocidad.

Una vez las palabras pronunciadas fueron lanzadas al inmisericorde vacío disfrome, el aire alrededor del guerrero se torció, se dobló sobre si mismo e hizo una pirueta, un pico lleno de un millar de pequeños dientes cónicos y afilados habló con cuatro voces a la vez:

Marine táctico leal trasformado en caótico, el brazo del arma de mano es de los Hombres Lagarto y el de la pistola es de los enanos de Warhammer Fantasy, la tela de la pierna es masilla verde y el engranaje de la peana de un tippex.

-¿Me llamarás Pegomastax? Habré escuchado tu llamada? Decías ¿Que deseaste?

-Te saludo, Anseris bienvenido al plano mortal, ha pasado ya el tiempo que hablamos ¿Has conseguido aquello que prometiste?

-Si, si… lo haré, tuve aquí mismo el objeto. ¿Quisiste verlo?

-El círculo que me protege está listo, no quiero que lo traspases pero el arma puede hacerlo siempre que no hayas traicionado tu promesa.

Imprimado en rojo Khorne y pintado con los colores de un capítulo leal, según el trasfondo que estoy creando son los restos de una legión leal que ahora sirve al caos y algunos de los guerreros visten o bien los colores de su capítulo original o armaduras rapiñadas de los emigos caídos.

El demonio pareció ofendido, o lo intentó. Había tenido pocos contactos con humanos y los conocía menos de lo que él alardeaba. Pegomastax advirtió que el demonio en realidad estaba complacido por la reticencia a confiar en él, la sospecha de una traición es motivo de regocijo para este tipo de demonio.
-¿Te hube traicionado yo alguna vez? Me pedirás un arma porque pierdes tu la tuya en aquél planeta cuando luchas contra tus hermanos pero yo hubiera cumplido mi promesa pero entonces…
-¡Basta! -Dijo Pegomastax alzando una mano, irritado. Ya era bastante complicado seguir la cháchara de este tipo de demonios y era aún peor cuando era uno de esos que no comprendía el concepto del tiempo y utilizaba mal los tiempos verbales. Las cuatro voces callaron.
-El arma, enseñamela.
La armadura está pintada al estilo Ultramarine, aunque los brazos amarillos y escamosos y los tatuajes dejan claro que es un sirviente del caos. Puede que sea un Ultramarine caído en el caos o un guerrero que mató a un Ultramarine y se puso su armadura.

El pico del demonio, de una coloración metálica similar al oro se torció en un gesto emplumado y el aire se solidificó en forma de pistola a los pies de Pegomastax. El artefacto era pequeño, mucho más que un bólter, estrecho y lleno de engranajes. Parecia arcaico y rudimentario, casi un juguete al lado del ruidoso bólter. Publius sorprendido miró con desprecio el pequeño juguete que yacía a sus pies.
-Se lo quito de las frías y muertas manos a un guerrero contra el que lucharemos. Será un poco más bajo que tu, con un largo pelo en la cara. Sorbería su alma y derribó sus fortalezas en las montañas es un plato delicioso. Hube mejorado su arma. Ahora fue mas potente.
Con suspicacia el guerrero cogió el arma que le tendía el demonio. El Espíritu máquina de su bólter había sido corrompido hacía mucho y el Caos no siempre favorece con sus mutaciones, perderlo fue perder el último hilo que lo sustentaba al Imperio al que sirvió antaño. No obstante, la Guerra Eterna sigue rugiendo a su alrededor y un Guerrero Astartes no es nada sin su arma. El Mechanicum oscuro le habló de una entidad disforme que podría proporcionarle un arma en condiciones. Cogió la pequeña pistola con cuidado, lamentando la posibilidad que el demonio le estuviera colando una baratija y temiendo que el demonio le hubiera engañado o que era tan idiota que no comprendía lo que le había pedido.
El arma no era un bólter, desde luego y su forma y ergonomía no estaban hechas para la mano de un astartes sino para alguien mucho más bajo y pequeño. Aún así, comprobó si tenía munición, en su interior había una pequeña bola de metal que parecía un proyectil sólido arcaico, amartilló con el dedo y apuntó a una roca enorme que había a unos metros de distancia. El disparo sonó débil, como un pequeño petardo como los que lanzaban los niños en las celebraciones de su antiguo planeta de origen. La roca estalló como si hubiera implosionado una granada dentro. Impresionado por la explosión, el marine miró el arma, sorprendido.

Será un Marine espacial del Caos en mi banda de Kill team, es el primero de mi banda que pinto e irá armado con una espada sierra y pístola bólter.

-Hago unos apaños en el arma. Disparó mucho mejor que en manos del pequeño guerrero.

-¿Qué tipo de munición lleva?

-¿Que fue munición? -Preguntó con interés el demonio, parecía no comprender la palabra.

Publius miró otra vez el arma ignorando al demonio, volvía a haber una pequeña bola de metal lista para disparar. El arma parecía estar modificada por el demonio y dispararía siempre igual. Estaba bien, le valía.

-Bueno, me gusta ¿Qué pides por el arma?

-Nada, poderoso Publius, para ti será gratis -Dijo con evidente malicia- solo quise llevarte la muerte a tus enemigos.

El pico dentado hizo un amago de sonrisa intentando parecer alguien en quien confiar, gorgoteando de forma horrible. El demonio no engañaba a nadie. Pegomastax se preocupó. Estaba convencido de que esto le iba a salir muy caro.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.