Final Fase 1: Concilio de la destrucción

La fortaleza había sido abandonada hacía muchos años, estaba situada en un estrecho valle rodeado de frondosos bosques. El silencio que allí había reinado durante siglos se vio roto de forma brusca por la presencia de cerca de un millar de guerreros de distintas razas que allí se reunían y festejaban sus victorias o se lamían las heridas de sus derrotas; el torreón principal era una montaña negra de cascotes pero la plaza de la fortaleza estaba semiiluminada por la luz de Morrslieb, que brillaba en todo su esplendor.
-Ah… Es una buena noche para las conspiraciones y los planes ocultos… ¿No crees, mi amigo oscuro?
-No habláis como haría un Ogro, Yuggath… Pareceis -Dijo pensando sus palabras- otra cosa, no sabría qué decir…
-Ah pero es que soy algo más que un ogro… y algo menos también ¡Pero mirad! Aquí comienzan a llegar nuestros invitados.
Grimgor entró en la plaza, la luz de Morrslieb iluminó el semblante tallado en piedra del orco.
-Yuggazz, azí era como te llamabaz ¿No? Tuz Ogroz acaban de retar a miz machotez a un duelo de comer, ezpero que tuz Brutoz zepan lo que ze hacen, miz inmortales no zólo zon invictoz en la batalla.
-Pues han encontrado en los Brutos un rival a su altura, entonces. Espero que no haya heridos, gane quien gane.
-Tranquilo, la alianza sigue en pie, zi hay heridos ahora, habrán muertoz luego; miz inmortales lo zaben bien. En fin ¿Qué tripa ze le ha roto al elfillo? He oído que le zalió bien lo de matar a tuz primoz blancoz.
El elfo oscuro murmuró, molesto algo inteligible.
-Fue un placer matar a todos esos Asur, ciertamente. Imagino que el mismo placer que sentiríais al acabar con todos esos enanos… Unas bestias impresionantes esos… Guerreros tuyos, estoy seguro que remarían muy bien en una de nuestras arcas negras.
-¿Qué eztáz insinuando elfillo? Miz Machotez zon orcoz librez- Alzó a Gitsnik, amenzador- Ezo tenlo claro, ozcurito.
-Haya paz entre nosotros, ya habrá tiempo para repartirnos el botín luego. Mirad, ahí vienen el resto de nuestros aliados.
Ernuzhk Espadahumeante entró en la plaza junto con una pequeña guardia de soldados enanos, un aura oscureció la noche y el penetrante aroma del azufre invadió a los presentes.
-¿Qué haze eze aquí?- gritó Grimgor, colérico.- ¡No me dijizteiz que ezoz estaban en el ajo! ¡Taponez negroz azquerozoz! ¡Oz mataré con miz propiaz manos!
-Ya os lo decía yo Yuggath, estos orcos son unos animales primitivos y salvajes-Dijo Isgaard echando mano a la empuñadura de su espada- ¡Me agotas la paciencia bestia! ¡Debería acabar con tu miserable existencia!
-¡Ven aquí elfo de los cojonez! –Bramó Grimgor- a ver qué zabez hazer con eze picho que llevaz ahí.
-¡Guardad esas ansias de lucha para el enemigo! – dijo Yuggath, interponiéndose con todo su tamaño entre el orco y el elfo.
El enano gruñó, enseñando los dientes afilados y dijo:
-¡Que el Padre de la Oscuridad os entregue el cráneo de vuestros enemigos en bandeja! No es de mi agrado aliarme con un asesino de Dawi Zharr como tú, Grimgor. Pero el odio que nace en mí contra mis primos es más intenso que el desprecio que te ofrezco. Esta alianza es de nuestro agrado a pesar de tener que relacionarnos con estas razas inferiores. Aun así no os quepa duda que en cuanto todo esto acabe, todos seréis nuestros esclavos.
-No me gusta eso de razas inferiores, amigo bajito. He oído que os dieron una buena tunda allí abajo vuestros primos. –El humo del apestoso puro de Samuel Sime se impuso por encima del aroma a azufre de Ernuzhk cuando entró en la plaza junto con cinco de sus alabarderos.
-¡Que insolencia es esta! –Bramó uno de los guardaespaldas del Enano. –¡¿Cómo osáis hablarle así a nuestro señor Ernuzhk!?.
Ernuzhk alzó una mano, deteniendo a sus guerreros.
-Vuestra armada tampoco salió bien parada del encuentro contra los odiados Asur. ¿Acaso la inversión realizada en esta empresa ha sido insuficiente para vuestros… “Perros de la guerra”?
-Mis compañeros piensan que el cofre de oro que nos disteis es todavía un poco pequeño. Quizá otro más grande les motive un poco más a la hora de aguantar una carga de caballería elfa. En fin, extraña reunión amigos, no es por nada pero quisiera conseguir mi pequeña venganza cuanto antes y largarme de estas tierras para no volverlos a ver más. Así que ¿Cuál es el plan amigo elfo?
-Bien -Dijo el elfo oscuro. -ahora que estamos todos y que nos hemos repartido las consabidas muestras de afecto y cariño, este es nuestro objetivo.
El elfo desplegó con gesto teatral un extenso pergamino sobre una desvencijada mesa. Las extrañas runas brillaron dolorosamente al ser tocadas por la luz corrupta de Morrslieb y los rostros de los capitanes fueron iluminados por ellas cuando se inclinaron sobre el mismo.
-¿Veis? Está en la base, mucho más profundo de lo que creíamos.
Texto de Draughleth

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