Liguilla reforged: El ejército de Grugntham el sabio (Enanos)

«Grungtham estaba reflexionando en su pequeño aposento sobre lo ocurrido en los últimos días. Tenía la cabeza a punto de estallar y, aunque nunca lo reconocería, sentía el peso de los años en su cuerpo. Intentó recordar cómo se había visto envuelto en tal situación.
Era una mañana marcada por una fría brisa que azotaba el puerto de Barak-Varr, se disponía a proseguir con el estudio de sus miles de anotaciones referentes a todo tipo de objetos arcanos cuando su aprendiz aporreó la puerta. El joven enano estaba sin resuello y no podía articular palabra alguna, después de un breve descanso las palabras brotaron de sus labios:“Byrrnoth Grundadraff quiere que te presentes en el Gran Salón”. La petición le cogió por sorpresa, ¿qué querría el señor de Barak-Varr de él a estas horas de la mañana? Cuando se presentó en el Gran Salón pudo ver un gran número de enanos discutiendo. Byrrnoth Grundadraff estaba en el trono con la mirada centrada en los que hablaban y reflexionando sobre lo dicho por cada uno. Alzó la cabeza y sus ojos se cruzaron, sostuvieron la mirada durante unos segundos y comprendió que no se trataba de nimiedades.
–Viejo amigo –pronunció Byrrnoth levantándose y dando un abrazo a Grungthan–, me temo que tengo noticias que requieren de tu sabiduría.
Grungtham escuchó atentamente. Los exploradores habían llegado esa mañana para comunicar a su señor que un contingente elfo procedente de Ulthuan se había adentrado en la Bahía Negra, desembarcando en la antigua ciudad elfa de Tor Tal-Harin. Por el momento se desconocían sus intenciones. La noticia lo dejó estupefacto. ¿Por qué volvían los elfos? ¿Qué pretendían hacer? Y, sobre todo, ¿por qué ese asentamiento y no otro? Los dos viejos amigos Estuvieron hablando hasta altas horas de la noche, intentando adivinar las intenciones de los Asur. Una vez en su cuarto rebuscó entre sus libros todo lo referente a Tor Tal-Harin, ya que recordaba haber leído acerca de un artefacto arcano escondido entre sus ruinas. Después de horas y horas buscando entre miles de pergaminos lo encontró, allí estaba: una mención insignificante a pie de página en un manuscrito tan viejo como una montaña. Sonrió mientras lo guardaba. Hablaría con su señor de su descubrimiento.
Los elfos no tardaron en enviar a sus diplomáticos. Solicitaban una reunión para discutir temas de alta importancia para ambos bandos. Es bien sabido el pensamiento liberal de los enanos de Barak-Varr y su gran hospitalidad, así que no objetaron en que se celebrase una audiencia con los forasteros. La reunión duró todo un día. Finalmente se acordó que los elfos abrirían rutas comerciales con las minas de las montañas y Barak-Varr sería el puente entre ellos, todas las mercancías pasarían por esta fortaleza; a cambio, los enanos tendrían que mantener abiertas y protegidas dichas rutas. Después de fijar todos los puntos del acuerdo, ambas razas se despidieron y se comprometieron a ayudarse mutuamente, forjando una alianza que defenderían por el bien de todos.
Así fue como, a su avanzada edad, Grungtham –Maestro Rúnico de Barak-Varr– se vio envuelto en una nueva aventura con varios objetivos: por un lado, mantener las rutas comerciales operativas y, por el otro, investigar sobre un artefacto arcano de gran poder; tan importante que había movilizado a los elfos desde Ulthuan hasta los Reinos Fronterizos».

Autor: Juan Soriano

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