Ronda 2.2 Incursores de Isgaard Mantonocturno (Elfos oscuros) VS Astrohz el Implacable (Altos elfos)

Algún día, cuando los bardos canten las hazañas de aquella jornada, probablemente no cuenten que nada salió según lo previsto. Hablarán de la carga final de Fendar y sus Yelmos Plateados, pero olvidarán que la falta de experiencia del oficial le hizo dudar durante todo el combate, provocando la desesperación en Astrohz cada vez que le veía retroceder con las manos vacías. Puede que describan las nubes de proyectiles oscureciendo el sol, pero no que muy pocos encontraron un blanco. Es seguro que hablarán de la ayuda decisiva del mago Alto Elfo en el combate que enfrentó al grueso de ambas huestes, pero dudo mucho que señalen que hasta ese momento había conseguido controlar los vientos de energía a duras penas. Tampoco nadie conocerá el alivio de Astrohz al ver como los lanceros enemigos cargaban contra sus aguerridos Leones Blancos, en lugar de contra la propia unidad de lanceros que lideraba. La Historia tan solo recogerá la carga que encabezó para apoyar a los leñadores de Cracia y que, en medio de la total confusión provocada por aquel nuevo episodio de odio ancestral, ambos comandantes se buscaron. Y si los bardos ignorarán todo lo dicho, mucho menos probable es que escriban que cuando el Príncipe Isgaard Mantonocturno se disponía a encarar aquel duelo, hubo algo más que salió mal. El general Asur había oído hablar de la mortífera asesina Druchii que había herido a Lindir, pero ignoraba que el líder de los Elfos Oscuros la había confinado en el campamento como castigo por haberle desobedecido en el anterior combate. Y, por su puesto, lo que ninguno de los dos podía imaginar era que uno de los lanceros que combatían junto a Isgaard era la desobediente asesina, que se negaba a quedar apartada del frente. Astrohz tuvo un segundo antes de darse cuenta de lo que ocurría, pero su extraordinaria habilidad con la espada y los hechizos que le protegían alejaron los golpes más mortíferos. El intercambio de golpes fue rápido, mucho más veloz de lo que los ojos de un humano hubiese podido seguir, haciendo saltar chispas allí donde las armas de ambos contendientes se encontraban. La hoja Asur encontró la blanca carne de la asesina ante la atónita mirada de Isgaard, que se veía apartado de aquel duelo por el empuje de una turba de lanceros de ambos bandos. Pocos sentirán la confusión de los Druchii cuando los acontecimientos se precipitaron: una vibración mágica impregnó el aire, los casos de los Yelmos Plateados sonaban cada vez más cerca del combate y, en el frente, los Leones Blancos se abrían paso entre las filas de escudos con sus enormes hachas. Apesadumbrados por un peso desconocido, todos los lanceros oscuros sintieron que la batalla estaba perdida. Las trompetas sonaron y Astrohz vio a sus eternos enemigos batirse en retirada, arrastrando al Principe Oscuro y a su asesina fuera del alcance de su espada. Esto será lo que los bardos contarán de aquel día: uno de los duelos más increíbles que nunca verá aquella tierra baldía. Pero volverán a ignorar que Astrohz el Implacable, que había luchado mil veces contra los odiados súbditos de Malekith, suspiró de incredulidad al darse cuenta de que había sobrevivido al enfrentamiento con una de las mejores guerreras que había visto nunca. 
Autor: Ximo Soler

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