Ronda 3.1. Astrohz el Implacable (Altos elfos) VS Ernuzhk Espadahumante (Enanos del Caos)

Las peores pesadillas de Fendar, capitán de los Yelmos Plateados a las órdenes del Príncipe Astrohz, se estaban haciendo realidad. Volvía a ocurrir de nuevo. La batalla se precipitaba hasta su final y, una vez más, él era incapaz de encontrar el lugar óptimo por el que lanzar a sus guerreros para decantar el combate. El corazón le latía desbocado, pero no por el miedo a la muerte, sino por el terror de volver a levantar las iras de su general. Sus dudas habían provocado la muerte de hermanos y hermanas una vez, y se había prometido que no volvería a ocurrir. Entonces, como si Asuryan le hubiese escuchado, vio a una escurridiza banda de Hobgoblins acercarse peligrosamente a ellos. Apretó los dientes y picó espuelas, ni siquiera lanzó un orden de carga, tan solo señaló con su espada y cabalgó; detrás de él, en seguida, pudo escuchar el trueno provocado por cientos de caballeros élficos precipitándose contra el enemigo. 
La facilidad con la que los Yelmos Plateados atravesaron las líneas enemigas fue insultante, los caballos pasaban por encima de las despreciables criaturas, aplastándolas con sus cascos. Las lanzas rompían y atravesaban, los pieles verdes chillaban de terror y, por fin, se batieron en retirada. Fendar levantó la espada y su caballo se alzó sobre sus patas traseras, convirtiéndose en la viva imagen de un dios élfico de la destrucción, a ojos de sus enemigos. Justo en ese momento, cuando sus jinetes celebraban la victoria, una increíble explosión mágica iluminó el campo de batalla desde las líneas de los Asur. Por todos lados comenzó a llover roca fundida y carne de elfo. El joven capitán reordenó las filas de su caballería y se preparó para proseguir el combate, pese a que el temor le atenazaba el estómago. ¿Quién había provocado aquella explosión? ¿Se encontraba bien el Príncipe Astrohz? Los Yelmos Plateados avanzaron mientras las líneas enemigas se resistían a ceder ante las lanzas y las hachas élficas. La victoria estaba al alcance de la mano y él no volvería a dudar nunca más, así que miró a sus oficiales y señaló hacia el enemigo. Sus hermanos y hermanas les necesitaban, y la nobleza de Ulthuan respondería a la llamada. 
Autor: Ximo Soler

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