Ronda 3.2. Corsarios de Finulein (Altos elfos) VS Mercenarios de Samuel Sime (Mercenarios)

La batalla había terminado tan rápido como había dado comienzo y los Altos Elfos dominaban el campo de batalla. El ataque había sido fulminante, como el golpe de un martillo sobre un yunque, dejando tras de sí multitud de muertos, heridos y prisioneros. A lo lejos, el pegaso del escurridizo líder mercenario volaba en busca de cielos menos hostiles; pero Finulein Sin Tierra estaba segura de que algún día la suerte de aquel humano terminaría por agotarse. Durante un segundo se preguntó cuántas derrotas más podrían soportar aquellos perros de la guerra antes de buscar un nuevo líder o, incluso, un nuevo cliente que les garantizase más días de supervivencia. Y sin embargo, habían aguantado la posición como si luchasen por una causa, lo cual no dejaba de sorprenderla. Entendía las razones del resto de enemigos, pero no el motivo por la que aquellos mercenarios consentían en continuar su papel de carne de cañón. Estaba claro que aquella posición no les ofrecía ventaja táctica alguna y, sin embargo, la habían defendido pese a las últimas consecuencias, llegando a causar muchas bajas entre la caballería élfica y los exploradores. 
Caminó hasta el pequeño campamento que se estaba formando para atender a los heridos, saludando a soldados y dando órdenes por el camino. A un lado del campo, cientos de hombres esperaban –maniatados y vigilados– a que ella decidiera su suerte… Al recordar el crudo combate que se había producido contra la infantería de élite y en los Asur que habían caído durante la refriega, estuvo a punto de ordenar a los Maestros de la Espada que ejecutasen a aquellos seres insignificantes. Sin embargo, si en algo había insistido su padre era en que aprendiese a valorar el potencial de los humanos y que sintiese compasión por sus cortas y ásperas vidas. Tal vez tenía razón… Aquel era el día de suerte de aquellos perros de la guerra, ya que la campaña había terminado para ellos pero iban a conservar la vida. Los enviaría a Tor Tal-Harin junto a los heridos de los Altos Elfos e irían a parar directamente a las mazmorras, después ya vería qué decidía hacer con ellos; sin embargo, aquel día ya se había derramado demasiada sangre. La guerra continuaría al día siguiente, pero era posible que fuese momento de mostrar algo de compasión por quiénes no eran más que herramientas de los verdaderos enemigos. 
Autor: Ximo Soler

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