Ronda 4.4 Príncipe Lindir (Altos elfos) y ejército de Grunghtam el sabio (Enanos) VS Machotez de Grimgor (Orcos) y Ernuzhk Espadahumante (Enanos del Caos)

De nuevo, sin saber exactamente cómo ocurría, Ernuzhk contempló con ira cómo la batalla se volvía en su contra. Mientras él y sus guerreros marchaban al combate lo más rápido que podían, tenía que observar con impotencia como ese maldito orco negro se estrellaba contra el enemigo en el flanco derecho, sin esperarle, atacando por su cuenta. Sabía perfectamente que Grimgor le odiaba y que le había sido difícil olvidar su pasado como esclavo en las oscuras minas enanas del Este, pero también era consciente de que era lo suficientemente buen guerrero como saber que era un suicidio lanzarse de esa manera, sin esperarle, contra el muro de lanzas y artillería que sus enemigos habían alzado. Gritó y maldijo, invocando al Padre de la Oscuridad para que hiciese caer su venganza contra aquel piel verde estúpido. Frente a él, el retumbar de los corceles élficos le alertó de que la marea resplandeciente de Caledor se cernía sobre ellos y decidió que, mientras él viviese, ninguno de sus enanos iba a morir por la estupidez de un orco. Dibujó runas en el aire, invocando a los poderes oscuros que viven en las entrañas de la tierra para que les envolviesen con el manto protector de una nube negra; unos minutos después, empujada por un viento fresco del mar, la humareda mágica se dispersó y descubrió una llanura vacía allí donde antes estaban Ernuzhk y sus soldados. Desde algún lugar lejos de allí, el Enano del Caos esperaba que Grimgor muriese en aquel enfrentamiento perdido al que él mismo se había lanzado, aunque intuía que no sería tan fácil deshacerse de aquel incómodo aliado.

Autor: Ximo Soler

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